Un hijo autónomo es un niño feliz y valiente

Un menor con autonomía actuará con seguridad, poseerá una buena autoestima y confiará en sus capacidades. En cambio, quien no la desarrolla correctamente mostrará dependencia de sus figuras de apego y baja tolerancia a la frustración.

Las prisas acompañan a las familias en la educación. Padres e hijos viven demasiado rápido, cumpliendo con horarios exigentes y listas de tareas por hacer interminables. Teniendo que buscar siempre la máxima eficacia. Un ritmo que deja poco tiempo para poder educar con serenidad. Esta falta de tiempo, en ocasiones, lleva a las familias a hacer por sus hijos lo que están perfectamente preparados para hacer solos. “Ya te visto yo que llegamos tarde al colegio” o “te doy yo de comer, así no te ensucias y acabamos más rápido” son algunas de las frases que demuestran que educar la autonomía no es una tarea fácil y que exige una alta dosis de paciencia.

La autonomía es la capacidad que tienen las personas para hacerse valer y utilizar sus propias herramientas para conseguir lo que quieren sin tener que depender de los demás. No es una finalidad en sí misma, sino que su verdadero valor es que vaya acompañada del placer del niño para hacer las cosas por sí mismo. Se debe transmitir como una oportunidad de crecimiento y aprendizaje y no como una obligación o carga. En casa y en la escuela debería potenciarse desde la primera infancia para que pueda ir desarrollándose de forma progresiva.

Educar la autonomía es esencial para adquirir habilidades imprescindibles para la vida, como la higiene personal, la alimentación, la vestimenta, el sueño o los estudios. Para que un niño sea capaz de superar los obstáculos que encontrará en su camino sin miedo a hacerles frente. Una independencia que ayuda al pequeño a diferenciarse de los demás y a reclamar su propio lugar dentro y fuera del entorno familiar. No hay nada más reconfortante para una persona que hacer algo por sí misma.

Adquirir esta capacidad requiere de mucho tiempo y grandes dosis de paciencia. En función de la personalidad, el entorno en el que se crezca y las experiencias vividas, el niño irá adquiriendo las estrategias necesarias para poder hacer las cosas por él mismo. Sentir la confianza y el aliento de sus adultos de referencia será clave para alcanzarlo.

Un niño autónomo actuará con seguridad, poseerá una buena autoestima, confiará en sus capacidades y creerá que el esfuerzo y la perseverancia son esenciales para conseguir todo aquello que se proponga. Se mostrará independiente y será capaz de asumir sus responsabilidades. En cambio, uno que no vaya desarrollando correctamente su autonomía mostrará mucha dependencia de sus figuras de apego, requiriendo la ayuda de forma continua, tendrá una baja tolerancia a la frustración, poca iniciativa y mostrará dificultades para establecer relaciones sanas con todo aquello que le rodea.

Las familias, para fomentar la autonomía en casa, deberán basar su acompañamiento en el respeto, la confianza, el afecto y la empatía. Esta será fundamental para que el menor pueda construir una buena relación consigo mismo, con las personas con las que convive y con el mundo que le rodea. Este acompañamiento favorecerá su desarrollo intelectual, social y emocional.

Claves para ayudar a un niño a desarrollar su autonomía:

1.- Las familias deben respetar el ritmo de aprendizaje de cada niño, ofreciéndole el tiempo, el espacio, la libertad y el apego que necesita para avanzar seguro. Sin compararle con sus hermanos, criticar sus errores, alentándolo a seguir cuando las cosas se compliquen y regalándole oportunidades diarias para mejorar. El refuerzo positivo y las palabras alentadoras serán clave para sentir el calor de las personas que le quieren.

2.- Qué aspectos de su autonomía se quiere trabajar en casa e ir introduciéndolos de forma muy progresiva, explicando que las cosas no se aprenden a la primera. Crear rutinas ayudará al niño a entender que en el día a día hay un tiempo específico para todo y potenciará la creación de hábitos saludables. Las familias deben ayudar al pequeño únicamente si es necesario y establecer sobre él unas expectativas adecuadas, evitando anticiparse a sus demandas para no sobreprotegerle.

3.- Valorar los esfuerzos, la fuerza de voluntad y la perseverancia será clave en el proceso de desarrollo y aprendizaje del niño. Los padres deben ofrecerle pequeñas responsabilidades en casa que le ayudarán a sentirse importante dentro del núcleo familiar y potenciarán sus ganas de aprender.

4.- Establecer límites consensuados que ayuden al niño a saber lo que debe o no hacer en cada momento. Dejar que piense y actúe por él mismo y que asuma las consecuencias de sus acciones será clave para que vaya aprendiendo a través de su propia experiencia y sea protagonista de todo aquello que le pasa.

5.- Querer a un niño es darle la autonomía necesaria para poder crecer en libertad y en seguridad. Un niño autónomo que haya adquirido los hábitos necesarios para su desarrollo será un niño feliz, fuerte, atrevido y optimista, capaz de conseguir aquello que se proponga sin tener que depender de los demás. La pedagoga, científica y médica María Montessori afirmaba: “Nunca ayudes a un niño en una tarea en la cual siente que puede tener éxito”.

Educación y democracia en la era de la polarización

Es común escuchar que la economía, ciencia, tecnología, comunicaciones interpersonales, salud, y diversos bienes y servicios del siglo XXI son cada vez más distintos que los del siglo XX, pero aún cuesta trabajo asumir que la democracia siglo XXI tampoco es ni será la de siglo XX.

El aumento de jóvenes que no conocen el pasado, el inmediatismo, el hartazgo frente a la política tradicional, el incremento de adultos mayores que ya han visto de todo, la inseguridad, la polarización que se deriva del consumo de las redes entre tantos otros factores llevan a la población fracturada a elegir según dos criterios: un carismático y autoritario desconocido, y/o alguien carismático del signo político opuesto al del gobierno anterior.

Es curioso que es un minúsculo número de votantes el que define el destino de los países que al quedar divididos entre dos tienen asegurada la fractura entre posiciones extremas, como cuando se juntan la «U» y el «Alianza Lima» en el estadio a jugar un clásico. Eso hace inviable la convergencia democrática que requiere un centro fuerte que aglutine a todas las fuerzas políticas que algo ganan y algo pierden de sus posiciones iniciales pero llegan a acuerdos. Lo vimos con Pedro Castillo en Perú, Lula de Silva en Brasil, Gustavo Petro de Colombia, Alvaro Noboa de Ecuador, que ganaron por menos de 2% y Boric de Chile, Rodrigo Chaves de Costa Rica, Santiago Peña de Paraguay, y Milei de Argentina que ganaron por 6%. Casi todos implicaron un giro de derecha a izquierda o izquierda a derecha.

En este contexto, la educación debe jugar un rol crucial en la formación de ciudadanos informados y críticos. Fomentar habilidades de pensamiento crítico y analítico es fundamental, enseñando a cuestionar la información, evaluar diferentes fuentes, y entender los sesgos y las perspectivas de cada una. La educación en medios y alfabetización digital también es crucial, dada la influencia de las redes sociales y los medios digitales en la formación de la opinión pública. Comprender cómo se difunde la desinformación y reconocer las noticias falsas son habilidades necesarias en el ciudadano moderno.

Además, es vital promover la empatía y las habilidades de diálogo interpersonal. Entender y respetar puntos de vista diferentes es esencial para la convivencia democrática. La capacidad de dialogar y encontrar puntos en común puede ayudar a reducir la polarización. Una sólida educación cívica que incluya conocimientos sobre las instituciones políticas, los procesos electorales, y la importancia del estado de derecho y los derechos humanos es igualmente importante.

En resumen, la democracia del siglo XXI requiere adaptarse a las nuevas realidades, entendiendo las dinámicas de un mundo interconectado y digital, mientras busca construir un centro político que promueva la estabilidad y evite la polarización extrema. Es crucial fomentar la apertura a diferentes culturas y puntos de vista, así como considerar los problemas desde una perspectiva más global.

La educación debe jugar un papel central en este proceso, equipando a los individuos con habilidades críticas, digitales, interpersonales y cívicas, fomentando la apertura, la empatía y la adaptabilidad.

La pregunta es cuánto de esto se hace en la escuela y al no haberlo hecho, cuan responsable es la educación tradicional de las desgracias políticas y democráticas en las que nos ha tocado vivir en las últimas décadas. Tantas PISAs, ECEs, TIMSS, estándares de Matemáticas y cero educación cívica ciudadana que nos de la oportunidad de integrarnos y convivir en paz procurando el bien común.

La respuesta en el Perú fue Pedro Castillo, y la secuencia de presidentes vacados y gobernantes acusados de corrupción que dejaron a la deriva navegando sin piloto a nuestro país. Ya es hora que elijamos un piloto que corrija el rumbo e integre a todos los peruanos.

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